LA ESCLAVITUD EN EL SIGLO XXI DE NUESTRA ERA
Debemos
partir de la base que una persona es esclava cuando carece de libertad por
estar bajo el dominio de otra, es decir que no puede realizar su voluntad por
esta relación en la que se encuentra. Hay diferentes formas de ejercer ese
dominio sobre los otros por parte de quienes tienen el poder para hacerlo:
porque el sometido tiene temor de quien lo oprime; por el uso irracional de la
tecnología, mediante la cual un opresor invisible físicamente doblega nuestra
voluntad; diversas adicciones; por medio de las publicidades que
subconscientemente nos inducen a consumir o utilizar determinado producto y así
podríamos enumerar varias maneras más de cómo se ejerce el dominio sobre los
demás.
La
intención de esta nota es enfocar el tema sobre los aspectos laboral y
políticos, que por supuesto van de la mano en esa relación de dominación.
El haber
identificado en el título al siglo que estamos recorriendo como de “nuestra
era”, es sencillamente porque la esclavitud existe en la humanidad desde
tiempos históricos muy lejanos, lo que nos puede hacer pensar que es parte de
la naturaleza humana. Pero también debemos recordar que todos los pueblos que
fueron sometidos a la esclavitud lucharon por su liberación. Como ejemplo
tomaremos el caso del pueblo hebreo esclavizado por el faraón en Egipto, luego
liberado por su líder Moisés, por supuesto luego de realizar diversas
“acciones”, que en el relato bíblico aparecen como obra de su Dios, llegando
hasta el hecho violento de la muerte de todos los primogénitos de Egipto, en
manos del “ángel exterminador”. Veremos en las páginas siguientes de esta narración,
que la libertad no es cosa fácil y que hace falta fortaleza y valores como la
solidaridad y la esperanza en un futuro mejor para poder convivir en una
comunidad y que la misma permanezca unida. También vemos que la función del
liderazgo de Moisés es precisamente ir organizando a ese pueblo itinerante preparándolo
para cuando lleguen a su meta, es decir a la tierra prometida.
Ya más
cercano a nosotros, con la aparición del capitalismo podemos visualizar a los
actores de esta relación: por un lado tenemos a quienes son los propietarios de
los medios de producción y de la infraestructura para brindar servicios; y por
el otro a quienes aportan su esfuerzo físico, intelectual o ambos a la vez para
que la fábrica, el comercio o la banca puedan dar el resultado que esperan sus
dueños.
Vemos
entonces que aquí se perfilan dos grupos de personas en la sociedad; uno,
minoritario, que son los que tienen el poder que da el capital, y otro,
mayoritario, que es la clase trabajadora en cualquiera de sus especialidades
que está subordinada a las decisiones de la primera.
Por
supuesto que ha corrido mucha agua debajo del puente desde la Revolución
Industrial (1760-1840) hasta nuestros días. En aquél entonces la supremacía de
la clase capitalista daba como resultado la explotación abusiva de los
trabajadores: extensas jornadas laborales, utilización de mujeres y niños en
las fábricas y por supuesto con escasa retribución. Con el transcurrir del
tiempo los trabajadores fueron tomando conciencia de esta injusticia y
comenzaron a organizarse en los sindicatos que los nucleaban, el liderazgo lo
ejercían en un principio los anarquistas y luego con la aparición del
Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1848, también entraron en escena
socialistas y comunistas. Poco después la Iglesia Católica toma carta en el asunto
y el papa León XIII promulga la encíclica Rerum Novarum (1891), que será el
primer documento con el que se inicia lo que luego se denominará la Doctrina
Social de la Iglesia.
Las
luchas de la clase trabajadora por conquistar derechos que les correspondía por
el simple hecho de ser personas, fue muy cruenta y en ella dejaron sus vidas
una cantidad enorme de trabajadores y trabajadoras. Por la reivindicación de la
jornada de 8 horas de trabajo vamos a citar dos hitos que quizás fueron los más
importantes: uno, el 1° de mayo de 1886 en la ciudad de Chicago más de 80.000
trabajadores iniciaron una huelga general en medio de la cual perdieron sus
vidas muchos de ellos, entre la represión policial y las ejecuciones
judiciales, por esas muertes a esa gesta se la reconoce como la de los Mártires
de Chicago. El segundo también sucedió en los Estados Unidos, en la ciudad de
Nueva York, donde las trabajadoras de una fábrica textil exigían el mismo
derecho de una jornada de 8 horas. Los dueños del establecimiento las
encerraron en el edificio y le prendieron fuego, murieron 146 mujeres
trabajadoras.
Siempre
la clase alta (capitalistas) intentaron dividir cualquier atisbo de unidad que
lograran los trabajadores, lo hacen de distintas maneras, a veces en forma
directa despidiendo a quienes pueden ser líderes, otras de manera más sutil.
Una que les ha dado mucho fruto es la división entre empleados y obreros. Aquí
domestican al trabajador administrativo haciéndole creer que de alguna manera
es superior al que trabaja al pie de la máquina, entonces aquellos no se
afilian al sindicato, son reacios a acciones de protesta como la huelga. Cuando
los sindicalizados tienen beneficios extras de su gremio como obras sociales, colonias
de vacaciones, etc., a los trabajadores de “saco y corbata” les brindan
beneficios similares a fin de que no se sientan atraídos para afiliarse. Esto
es muy común, quien es invitado a afiliarse pregunte qué es lo que le da el sindicato.
Esto demuestra como por distintos medios le fueron haciendo perder el sentido
de clase, porque el gremio lo que te brinda es el ejercicio de la solidaridad y
la defensa de los derechos que la clase trabajadora fue adquiriendo a lo largo
de la historia, no sin lucha y sacrificio.
Otra
variante que utilizan es la generación de desempleo, cosa que conlleva a quien
necesite trabajar a aceptar un trabajo precario, en negro, sin obra social y
ningún otro derecho que le corresponda. Hay una variable a esto que es el
trabajador monotributista, quien también como el anterior está desprotegido de
toda legislación laboral.
El
invento de la clase media
Considero
que esto es el mejor artilugio que utilizó la clase alta para preservar su
dominio ante el resto de los integrantes de la población. Le han hecho creer a
muchos que hay un vacío entre ellos y la clase trabajadora y que alguien lo
debe llenar. ¿Quiénes? Precisamente los que se han desclasado y no se sienten
trabajadores porque tienen un empleo “limpio”, muchos profesionales liberales, pequeños
comerciantes, cuentapropistas, entonces se esfuerzan para emular a los ricos imitando
algunos de sus comportamientos, ignorando que nunca les van a hacer pasar la
frontera que los separa.
También
les han metido en la cabeza que es mejor trabajar por tu cuenta que estar en
relación de dependencia. Así vemos cómo muchos dejan su empleo, muchas veces
tentados por el “retiro voluntario” que ofrecen las grandes empresas, y
entonces piensan que con su sólo esfuerzo van a superarse y lograr un puesto
más importante en la escala social. Entonces gritan a los cuatro vientos ¡soy
libre, no tengo patrón!, creyendo en la “meritocracia” (yo todo lo que tengo lo
hice con mi propio esfuerzo). Pero si uno observa un poco nomás a quienes
tomaron esta decisión, los ves trabajar todo el día, si tienen un comercio
abren de sol a sombra, hasta inclusive al mediodía y todos los días de la
semana. Tienen que pagar religiosamente todos los gastos del negocio: luz,
agua, alquiler, impuestos, el monotributo, la obra social y todo aquello que
involucra la “libertad” de trabajar por cuenta propia.
Aquellos
que creen en la meritocracia no se dan cuenta que sin la intervención del
Estado en una política distributiva equitativa de la renta, quienes serían sus
clientes no podrán acceder a los productos o servicios que les ofrecen.
Con un
gobierno neo-liberal que deja librado al “mercado” la regulación de la
economía, se desploma el concepto de meritocracia, porque por más que te
esfuerces si el posible consumidor no tiene dinero, deja de entrar en tu local
comercial.
Todo
esto sucede porque nos han quitado el sentimiento de la solidaridad entre los
seres humanos y nos han envenenado con uno de los peores defectos que se pueda
tener: el individualismo extremo. Esto sólo se puede solucionar cuando
comprendamos que la Patria o el pueblo, es el otro.
La Dirección
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