sábado, 27 de febrero de 2021

EDITORIAL DE HACIENDO CAMINO DE FEBRERO 2021

 NOSTALGIA DE CARNAVAL, PAPEL PICADO Y LIBERACIÓN

Cuando estamos en el mes de febrero, muchas veces los que sumamos algunas decenas de años, recordamos con cierta nostalgia, pero especialmente con mucha alegría los festejos del carnaval en nuestra niñez, adolescencia y juventud. Allí nos vienen a la memoria los divertidos juegos con agua donde varones y mujeres se conformaban en bandos rivales en una “guerra” muy húmeda y entretenida entre los vecinos de la cuadra. Así se fortificaban los lazos de amistad de las familias que vivían en el lugar.

Luego, llegada la noche, el grupo familiar, generalmente disfraces de por medio, concurrían al corso del barrio, los que se hacían en la avenida o calle principal en lo que era el centro comercial. Entonces se engalanaban las cuadras con luces y guirnaldas de colores que hacían de techo a los que transitábamos en fila de ida y vuelta luciendo trajes coloridos que ocultaban nuestra propia identidad. Arrojando papel picado, serpentinas, agua florida y algún plumerillo en las manos para hacer cosquillas a quienes pasaban a nuestro lado. Por supuesto también había un palco donde subían las distintas comparsas que venían de otros barrios con sus alegres y rutilantes vestimentas mezclando sus vivos colores con espejitos que irradiaban la luminosidad del ambiente. Sus cánticos que en su mayoría ironizaban, además de visibilizarla, las diversas circunstancias que ocurrían en la época, sean políticas, sociales o de personajes “importantes” satirizando actitudes o acciones que los mismos provocaban.

De aquellos tiempos guardo como grato recuerdo una fotografía donde en mis primeros años de la infancia luzco el disfraz de “cosaco ruso”, blandiendo la cimitarra que con madera me había construido mi padre (ver foto).

Además de los corsos barriales se realizaban en los clubes y sociedades de fomento los concurridos “Bailes de Carnaval” donde las familias disfrutaban y compartían la música y algo de comer y beber con un espíritu de amistad y compañerismo.  

Las instituciones más grandes promocionaban los famosos “8 Grandes Bailes 8”, recuerdo allá en Buenos Aires los del Centro Lucense, el Club Comunicaciones y el club Racing anexo de Villa del Parque, del cual era socio, todos con músicos en vivo y los más importantes tenían hasta tres pistas de baile en las cuales las orquestas típicas, folclóricas y características (pasodoble, foxtrot, valses, a veces jazz y luego se fue incorporando el rock) hacían oír sus acordes para que disfrute de la danza la concurrencia según sus preferencias.    

¿De dónde viene esta tradición de la humanidad que parecería muy libertina, pero que está profundamente incorporada a la cultura popular?

ORIGEN DEL CARNAVAL

Para la civilización occidental, esta festividad recoge elementos del paganismo y el cristianismo: la liberación de los dominados y la exuberancia antes de la penitencia. En la Argentina, su celebración recrea diversas tradiciones culturales, costumbres y ritos a lo largo de todo el territorio que hacen del carnaval un espacio polisémico.




viernes, 29 de enero de 2021

EDITORIAL DE HACIENDO CAMINO ENERO 2021

 

LO QUE LA CATEQUESIS NO TE CONTÓ (2)

En nuestra edición anterior habíamos enunciado como, de alguna manera, las catequesis institucionales de las iglesias están destinadas a formatear al catecúmeno para que sea fiel cumplidor de normas formales que hacen más que nada a las actividades del culto, pero no llegan a fomentar a los fieles las enseñanzas profundas que tiene para poder contrarrestar el mayor de los males que azota desde que tenemos noticias a la humanidad: la desigual distribución de las riquezas, esto especialmente en la iglesia católica que tiene en su acervo una interesante documentación, que a partir del 15 de mayo de 1891, cuando el papa León XIII promulga la carta encíclica “Rerum Novarum”, inaugura lo que luego se llamaría Doctrina Social de la Iglesia.

El documento parte de un diagnóstico en el que reconoce y describe las causas y la gravedad alcanzada por la situación social que motiva la intervención de la Iglesia. En un contexto en el que cundían los descubrimientos de la ciencia y su aplicación a las técnicas productivas, el trabajo estaba sometido a gravosos ritmos de producción, sin consideración para con el sexo, la edad o la situación familiar, y determinado únicamente por la utilidad, con vistas al incremento de los beneficios. La encíclica señala como una de las causas por las que se llega a esta situación es el afán de ganancia, como objetivo exclusivo del nuevo sistema, que ha permitido la explotación de grandes masas trabajadoras por unos pocos propietarios.

Entre el 11 de octubre de 1962 hasta el 8 de diciembre de 1965 se lleva adelante por parte del papa Juan XXIII, continuado luego por el papa Paulo VI el Concilio Vaticano II bajo el objetivo de renovar la vida de la Iglesia y adaptar la disciplina de la eclesiástica a las condiciones de la época. También se trata de una fecha muy importante “porque es la que inspira y mueve el proceso de la reforma que el Papa Francisco está llevando adelante”.

Hoy difundiremos parte de la Constitución Apostólica Gaudium et Spes promulgada en dicho evento:

Los bienes de la tierra están destinados a todos los hombres

“Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente
posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. Es éste el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el h

ambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos. (GS 69)”

La usura un vicio lleno de injusticia